La disempleabilidad

    Artículo de Juan Carlos Cantín, responsable de empleo, publicado en el Heraldo de Aragón.

    02/10/2019.
    Desempleo

    Desempleo

    La discapacidad es una condición que dificulta la capacidad física, psíquica o intelectual de una persona, ya sea desde su nacimiento o por un accidente o enfermedad sobrevenida. La legislación, gracias a la presión de los sindicatos, incentiva la inserción laboral de estas personas. En cambio la incapacidad, temporal o permanente, es un concepto profesional que alude a la imposibilidad de un trabajador para seguir desempeñando una profesión por una enfermedad o tratamiento médico con secuelas. La gestión empresarial de las bajas que ejercen las mutuas añade dificultades en un ámbito de precariedad en el empleo. Todo por un trabajo está sustituyendo a otro lema terrible: todo por un salario. La vida es ese todo. Quizás la única pertenencia de quienes se la juegan en condiciones muchas veces indignas.

    Hoy vemos otra discapacidad laboral, distinta, pero relacionada con el acceso al empleo. Me refiero a la exclusión social del colectivo que, por edad, se aproxima a la jubilación. Hombres y mujeres que han sufrido la reconversión del propio desempleo. Son personas con disempleabilidad. En Aragón, según la EPA, hay 11.300 personas mayores de 55 años en paro. Es el colectivo más vulnerable ya que la edad es una barrera de exclusión social. Así, tras exprimir su jugo laboral, estas personas forman parte de la pulpa del desempleo sin posibilidad de reciclaje. La consolidación del trabajador pobre genera una jubilación anticipada, y no deseada, sin empleo, recursos, ni apoyo familiar y con una salud que sufre la inactividad física y psíquica de la persona.

    Los pensionistas han suavizado, económicamente, el desempleo de sus hijos y ayudan a la conciliación. Ahora se invierte la tendencia. Serán los próximos pensionistas que se incorporen a la jubilación desde el desempleo quienes deban ser ayudados por sus hijos y nietos, lo que implica un riesgo de pobreza extrema. Es una realidad que vemos a diario en nuestros servicios de atención al empleo. Los programas de apoyo a colectivos en paro del gobierno de Aragón, junto a INAEM, y del gobierno de España con la Unión Europea (mujeres, jóvenes, PIMEI etc.) nos permiten intervenir y mejorar la empleabilidad de estas personas. CCOO como entidad social del INAEM que somos, asumimos esta responsabilidad que nos atañe como sindicato comprometido con los trabajadores y sus derechos. Pero la realidad es cruda en cada contacto personal y diario. Los dramas que vemos superan las estadísticas que no reflejan los casos individuales. Estas personas se enfrentan a barreras legislativas y sociales para acceder a un derecho humano y constitucional como es el trabajo. El gobierno ha anunciado que los parados de la crisis podrán recuperar hasta dos años de cotizaciones. Un pequeño, y positivo paso para paliar lo que vemos en el día a día de atención a los desempleados. Esperamos que esto no sea fruto de una oferta más ante la cita electoral de noviembre. El nuevo plan estratégico de empleo 2020-23, que anunció la consejera Marta Gastón, exige un esfuerzo no sólo con los mayores de 52 años sino, en particular, a partir de los 60 hasta la jubilación. La Seguridad Social debe comprometerse facilitando el acercamiento, en condiciones dignas, de una prestación por jubilación (o prejubilación) que se consolide para un colectivo que está, en la práctica, fuera del mercado laboral. Si estos desempleados no llegan a la jubilación, debe ser la jubilación la que llegue antes a estas personas. La alternativa es la pobreza, la exclusión y la soledad. Elijamos.

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